Y comprendí que las distancias no hacen la mochila más liviana…
La mudanza trajo consigo la remoción de pedazos de la historia que quizás sea mejor dejarlos en un rincón.
Cosas sueltas pero puntuales, particulares de un dolor, de una alegría… de un simple recuerdo.
Las marcas, que aunque invisibles, quedan expuestas en un presente que se niega a separarse del pasado.
La complaciente y padeciente capacidad de seleccionar de manera muy consciente y cuidadosa qué cosas olvidar y qué cosas recordar.
Y recordamos exagerando y por qué no idealizando, construyendo perfectamente la situación imperfecta y dejando finales felices. Y si el final es triste lo modificamos bajo el auto convencimiento de que siempre es para bien.
Pero el proceso es largo, me inundan las ganas innatas de analizar cada parte, cada momento, cada reacción. Análisis minucioso sobre situaciones supuestamente conocidas. Olvidando el saber que detrás hay un otro, con su trayectoria y pensamiento propio.
Queriendo un análisis racional en un ámbito tan empapado de reacciones irracionales, ilógicas motivadas por la ansiedad, los sentimientos y vaya a saber qué otras cosas mas.
Y como siempre dijiste, buscando siempre los por qué… y eran mis por qué los que no te convenían en un momento… y fueron mis por qué los que en otros tiempos posteriores entendiste o me hiciste creer que así fue. Pero fue tarde.
Y como en otra ocasión, encontré un gurú espiritual…que se rió frente a mis indecisiones y mi búsqueda inalcanzable de una felicidad utópica y novelesca. Y habló y me explicó y trató de que entendiera algo que él si entendió, pero yo no…hoy soy otra.
Otra que va mutando y sintiendo un sin fin de sensaciones inexplicables… que encuentran su razón de ser en palabras sueltas pero que jamás llegarán a describir lo que realmente sucede dentro de mi.
Y quisiste volver, más de una vez, y no entendiste que tus ansias de mí sólo vuelven cuando la soledad atrapa. Y trate de explicarte, y creí que eras otro, pero sólo vi lo mismo.
Y me engañe creyendo que la soledad es el mejor remedio para disminuir el peso de la mochila, porque no se trataba de descargarla sino de no sumarle mas peso. Y acuse de cobardes a los otros que no eran más que mi propia imagen.
Y me deje llevar sólo porque sabía que el mimo de turno solo era eso, y cuando quise revertir lo momentáneo y convertirlo en diario, fue tarde. Siempre tarde (¿?).
2 comentarios:
Perdon si vienen medio tristes ... esto lo escribe hace unos meses...ultimamente no estoy muy inspirada..pero igual lo comparto..
Es la segunda vez tb que aparezco como un SPAM..jaja será alguna señal.
Besos y gracias por pasar
Es verdad..., es triste, pero muestra mucho sentimiento desde lo profundo del alma, tal vez la melancolia hace aflorar esos sentimientos que solemos ocultar o mostrar a medias en publico. Hoy lo compartis desde el "anonimato" con otros "anonimos".
Amiga, sigue descubriendote,no todo es pena.
Un abrazo desde el "anonimato"
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